![]()
Eminentes hombres de ciencia, así como ilustres personajes con reconocimiento académico, han puesto en duda el becerro de oro: las vacunas.
Con datos contrastados en la mano y con la observación minuciosa de lo que acontecía en la época, los antivacunistas derribaron la fama bochornosa de la práctica en sí de la vacunación y de la seguridad y utilidad de las vacunas.
Quedó constatado a lo largo de los siglos XVIII, XIX y principios del XX, que las prácticas de la variolación y de la vacunación en sí mismas eran un sinsentido pero, además, se demostró una clara relación entre los periodos de vacunación y la aparición de nuevas enfermedades. Igualmente, se puso de manifiesto la inutilidad de las vacunas ya que, de hecho, la enfermedad de la viruela se exacerbaba en los vacunados, cuando sobrevivían, claro está.





