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Muchas pruebas históricas del fracaso de la vacunación
Varios autores de los siglos XVIII y XIX coinciden en que la vacuna es un fracaso y opinan que el estamento médico, lejos de reconocerlo, sigue imponiéndola como dogma, tratando de ocultar dicho fracaso de las maneras más artificiosas. También afirman que las estadísticas que presenta el estamento médico son un fraude.

Alfred Russel Wallace explica en su libro «MY LIFE», en la sección “La cuestión de la vacuna”, páginas 329 a 333, Londres, 1908, cómo empezó a interesarse por la práctica de la vacunación. Este brillante hombre de ciencia siempre había pensado que las vacunas tenían un respaldo científico y, además, era escéptico con la postura de los antivacunistas.
Sin embargo, empezó a estudiar datos estadísticos e información proporcionada de fuentes oficiales y, en este momento, su opinión comenzó a variar. William Tebb le presentó datos estadísticos sobre la vacunación que Wallace comparó con cifras oficiales; este fue el punto en el que empezó a interesarse por el tema de las vacunas y sus efectos en la salud de la población.

El señor Wallace también se apoyó en el testimonio del Registrador-General de Inglaterra con respecto a la reducción variólica antes de la época de Jenneriana, notando grandes imprecisiones en los argumentos de los vacunistas. La obra del doctor Pearce, Vital Statistics, acabó de convencerlo de que los datos que se atribuían al éxito de la vacuna no solo eran exagerados, sino que eran totalmente falsos.
Los datos sobre la vacunación
Wallace verificó estadísticamente con datos oficiales en la mano que la reducción de la viruela iba aparejada a una disminución del resto de enfermedades consideradas contagiosas, lo cual desacreditaba la pretendida acción protectora de la vacuna. Russel Wallace puso en comparación las curvas de incidencia de la viruela y de estas enfermedades consideradas contagiosas y comprobó que eran muy similares.
Asimismo se percató de que no solo la vacuna era inútil para prevenir la viruela, sino que, además, era la causante de otras enfermedades a veces mortales y que, según Herbert Spencer, había incluso producido un aumento de la propia enfermedad al hacer referencia a la primera Ley de Vacunación Obligatoria; es decir, se cumple una de las leyes universales de la vacunación:
A MAYOR VACUNACIÓN, MAYOR NÚMERO DE CASOS DE PERSONAS CON LA SUPUESTA ENFERMEDAD QUE SE QUIERE ERRADICAR.
Entonces, ¿qué hay de bueno en las vacunas?






