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Una breve introducción a los estudios científicos
Los estudios científicos están considerados un método de investigación riguroso del Sistema basado, supuestamente, en la observación imparcial y en la evidencia empírica. Sin embargo, existen numerosos ejemplos en la historia de la medicina oficial que hacen dudar a algunos escépticos acerca de la imparcialidad y de la autenticidad de la metodología de la ciencia oficial:
- Manipulan los datos de los estudios a conveniencia, tomando grupos de personas de manera ilógica. Por ejemplo, para hacer un estudio con el que probar si una vacuna determinada está relacionada con la aparición de enfermedades autoinmunes, lo que hacen los investigadores, por ejemplo, es poner en el grupo de control (el grupo del placebo o que debe estar sin vacunar o que no debe padecer enfermedades autoinmunes) a personas que tienen enfermedades autoinmunes pero diferentes a las del grupo de ensayo.
Tal es el caso del estudio hecho en 2014 llamado “Trastornos autoinmunes y vacunación tetravalente contra el virus del papiloma humano en mujeres jóvenes” del autor principal Lamiae Grimaldi-Bensouda. - Considerar «no vacunados» a personas vacunadas con menos dosis de las establecidas. Es bien sabido que el probar aunque sea una sola dosis de una nueva vacuna puede provocar efectos secundarios adversos, por lo que no tiene lógica considerar como no vacunado a un vacunado. Esta manipulación se lleva haciendo desde la vacuna de la viruela.
- Poner en los grupos de control de los ECA, que son los estudios estándares para probar las nuevas vacunas, a personas vacunadas previamente o vacunarlas en el mismo ensayo.
- Vacunar poco después del estudio en cuestión a los del grupo de control con la vacuna que se está probando en el grupo de ensayo.
- Inventar enfermedades nuevas para vender un medicamento o una vacuna que no han podido vender para otra enfermedad:
Los estudios científicos en el campo de las vacunas
Las vacunas son un tipo de medicamento considerado preventivo y, por tanto, medir la eficacia de ellas sería complicado puesto que no hay manera de comprobar si la persona vacunada no padece una enfermedad determinada para la que se está vacunando por haberse vacunado o por otros factores y, si la padecería igualmente, en caso de no haberse vacunado. Por ello, estamos en un campo cuestionable e incierto, por lo que hacer afirmaciones taxativas como se hacen habitualmente desde las instituciones o medios de comunicación o por parte de sanitarios de que las vacunas son seguras y eficaces es una falacia. Además, ni ellos mismos parecen conocer la historia de las vacunas:
En la teoría, los ensayos clínicos de las vacunas se han diseñado para evaluar si las nuevas vacunas son seguras. Este método vacunal, supuestamente preventivo, se elucubró ya desde el siglo XVIII en zonas rurales por campesinos y granjeros que fueron los que realmente lanzaron esta teoría de enfermedades infecto-contagiosas y de inmunización a través de contagios más leves para permitir que el cuerpo combatiese mejor la enfermedad. Pero esta teoría de los microorganismos patógenos y de la inmunización a través de vacunas está basada en la rumorología popular de gente de campo de aquellas épocas en las que no se tenía una educación higiénica, entre otras cosas.
Teniendo en cuenta que tanto la teoría de los microorganismos patógenos como la inmunización a través de vacunas no se han demostrado científicamente desde sus orígenes:
- ¿Cómo podemos asegurar la eficacia de cualquier vacuna de cualquier época?
- ¿Cómo “prueban” las farmacéuticas la seguridad de las vacunas?
Los ensayos clínicos tipo ECA (Ensayo Controlado Aleatorizado) con los que se prueban las nuevas vacunas son de alta calidad en la teoría y, si se hicieran rigurosamente, a día de hoy las vacunas ya se habrían prohibido.
Las farmacéuticas a fin de cuentas son empresas que buscan rentabilizar sus inversiones y mantener satisfechos a sus inversores. No van a estar dispuestas a que una vacuna nueva sea rechazada y se pierdan miles de millones de ganancias. Por lo tanto, buscarán la manera de disimular la tasa alta de efectos adversos del grupo de ensayo y, para ello, la industria más rica de todo el mundo guarda un as bajo la manga: el falso placebo.






